Tipos de Yoga
Hatha Yoga
Sol | Luna
Hatha Yoga es el arte de unir los opuestos. “Ha” significa sol, la energía activa, vital y expansiva. “Tha” significa luna, la energía receptiva, suave e introspectiva. Esta práctica busca armonizar ambas polaridades —lo masculino y lo femenino, el hacer y el ser, la fuerza y la rendición— para encontrar equilibrio dentro de ti.
A través de asanas, respiración consciente y presencia, Hatha nos ofrece un espacio para habitar el cuerpo con reverencia, aquietar la mente y despertar la energía sutil. No se trata solo de moverse, sino de escucharse, sentir y volver a casa, una y otra vez.
Ashtanga
El camino del compromiso
Ashtanga es una danza sagrada entre respiración, movimiento y presencia. Una práctica dinámica y estructurada que sigue una secuencia precisa de posturas, donde cada gesto está guiado por el aliento (respiración ujjayi)
Es disciplina, pero también devoción; es fuego, pero también escucha.
“Ashta” significa ocho, y “anga”, miembros: hace referencia al camino óctuple del yoga que va más allá del cuerpo, abarcando también la ética, la concentración y la meditación.
A través de la repetición y el compromiso, Ashtanga no solo fortalece el cuerpo, sino que pule la mente y abre el corazón.
Una práctica que te sostiene, te desafía y te transforma. Que te enseña a respirar en medio del esfuerzo y a encontrar calma en el movimiento constante.
Yin Yoga
La pausa del regreso
Yin es la quietud que nutre, la pausa que revela.
Una práctica suave pero profunda que trabaja los tejidos más sutiles del cuerpo —fascias, ligamentos, articulaciones— a través de posturas mantenidas con calma y sin esfuerzo.
En Yin no buscamos hacer, sino ser. Es un espacio donde el tiempo se dilata, donde el cuerpo se abre poco a poco y la mente aprende a soltar el control.
Una invitación a habitar la lentitud, a escucharte desde dentro y a descansar en lo que eres, sin prisa.
Es medicina para un mundo que corre demasiado.